SEXUALIDAD-SALUD

EDUCACIÓN SEXOLÓGICA

PSICOTERAPIAS SEXOLÓGICAS

"TU SANA SEXUALIDAD ES CALIDAD DE VIDA"

La sexualidad es parte de toda tu vida
La sexualidad es parte de toda tu vida

Inicio

Consulta Gratuita

Terapia On Line
en que consiste?

Trastornos sexuales

Estado de animo y la sexualidad

Métodos Anticonceptivos

Bisexualidad

Fantasias Sexuales

Masturbación

Masturbación Femenina

Masturbación Masculina

Descubra el punto g masculino

Cirugías Intimas Femeninas

Como nos cuidamos I y II

Doble Penetración

Orgasmo Femenino

Sexo Anal

Sexo Oral

Lo que las mujeres quieren al hacer el amor

Tamaño del Pene

Educación Sexual

Editoriales

Diabetes y Sexualidad

Tabaquismo y la Sexualidad

Glosario terminología

Curriculum

Enlaces

Buscar
Mapa del Sitio

Libro de Visitas Déjenos su opinión

Ver comentarios de Visitas

FORO

 

Última actualizacion:
08/12/2007

 

ARTÍCULOS EDITORIALES

LA SEXUALIDAD HUMANA Y LA CULTURA

LA SEXUALIDAD DE LOS ANCIANOS

¿QUE ENTENDEMOS POR RELACIÓN SEXUAL?


LA SEXUALIDAD HUMANA Y LA CULTURA

 

Hablar, escuchar, ver algo referido a la sexualidad o al “sexo” en general no pasa inadvertido. No es lo mismo pasar delante de una ventana y escuchar hablar de economía o de fútbol que escuchar gemidos y ruidos que sugieren que se está realizando alguna actividad sexual.
Ahora bien, es sabido que desde lo físico o más precisamente desde el punto de vista biológico, nuestra sexualidad es muy similar a la de los otros animales mamíferos, que son nuestros “primos hermanos” de este fantástico viaje de la vida. Por ejemplo, animales como las vacas, los perros, los leones, los monos y otros, están provistos de aparatos reproductores y sistemas de control hormonales muy parecidos al humano.
Pero la diferencia entre ellos y nosotros se encuentra en que lo que ellos hacen está estrictamente determinado por el “instinto”; mientras que lo que nosotros hacemos además de los factores biológicos está determinado por factores de un muy alto grado de complejidad como son los culturales y psicológicos.
El desarrollo de una sexualidad sana y placentera tiene beneficios indudables sobre la salud psíquica y física de las personas; aumenta la sensación de bienestar, de competencia; mejora nuestra autoestima y todo ello redunda en un mejor desempeño en las tareas o trabajos que nos toca realizar diariamente.
Pero muchas veces hay factores como la falta de información, las creencias religiosas y las costumbres de una sociedad, que interfieren negativamente en nuestra sexualidad ocasionándonos graves perjuicios.
El hablar de estos temas provoca en muchos de nosotros sentimientos de vergüenza, de culpa, de incomodidad y a su vez la curiosidad natural de querer saber, y sobre todo saber si nuestro desempeño es el adecuado; saber si lo que nos gusta hacer o que nos hagan está “bien” o es “perverso”, si es poco o es demasiado, etc....
Mucho de lo que sabemos sobre el “sexo” está basado en conceptos erróneos, experiencias personales y mitos (creencias comunes de una sociedad que ocupan el lugar de la realidad).
La sexología se ocupa del estudio de todo lo referente a nuestra sexualidad, incluyendo los problemas sexuales.
Temas como el orgasmo del varón y de la mujer, la masturbación, la homosexualidad, la falta de deseo sexual, el deseo desigual entre los miembros de una pareja, el sexo anal, el sexo oral, el sexo oral-anal, la sexualidad de los niños, la educación sexual de los niños, posiciones adoptadas durante una relación sexual, el poder decir cual es nuestro deseo y otros más; son todas cuestiones que merecen ser tratadas con todo el conocimiento cierto que está a nuestro alcance en la actualidad.
Desde este ámbito se pretende abrir un canal de comunicación que sea dinámico y provechoso para todos.
La sexualidad constituye una de las fuentes máximas de placer de nuestra vida, por lo tanto pretender que la misma se desarrolle en forma plena y sana, es una responsabilidad indelegable de cada uno de nosotros, en otras palabras no podemos dejar que el peso de nuestra satisfacción sexual recaiga por entero sobre la otra persona, sino que debemos tomar conciencia de que somos parte activa y principal de la misma.
 



LA SEXUALIDAD DE LOS ANCIANOS


Hablar de tercera edad, es hablar de la vejez. En las sociedades occidentales (y la nuestra se encuentra entre ellas), el ser viejo va acompañado de ideas que en general son negativas, como decrepitud, decadencia, dependencia, estorbo, etc....
Lo real de todo esto es que si vivimos lo suficiente llegaremos a ser viejos. La vejez trae consigo problemas, en general de salud física y mental, pero si el ambiente es el adecuado se pueden atenuar y mucho los efectos del paso del tiempo y sobre todo ganar en calidad de vida para el anciano.

Una idea muy común que circula en la sociedad y que es ampliamente aceptada es “que las personas de la tercera edad no tienen deseos sexuales y por lo tanto no deben realizar ninguna actividad sexual”.

Es como si por alguna causa misteriosa una persona que durante su vida ha mantenido relaciones sexuales y ha sido un ser sensitivo y deseante; pasada una determinada edad (generalmente entre los 50 y 60 años) se transformara en un ser de “corcho” o de “plástico” o vaya a saber que material insensible, o sea dejaría de desear y tener sensaciones placenteras.

Está claro que la idea no resiste el menor análisis, dada su “irracionalidad”, sin embargo se encuentra muy difundida y aceptada.

Es más, toda demostración de interés sexual de parte de una persona de la tercera edad, es considerada negativamente. Si es un varón, entonces será un “viejo asqueroso”, o “baboso”, o “verde”(no sabemos todavía porque sería verde y no azul o rojo u otro color.....); por otro lado si es una mujer la que se muestra activa o insinuante, directamente será una “vieja puta”.

A tal punto se llega que en los hogares de ancianos se obstaculiza todo tipo de contacto sexual entre las “personas” que allí viven y subrayo la condición de personas dado que hay una tendencia a tratar y considerar al anciano como alguien que no estaría en condiciones de decidir sobre sus cosas.

De está forma se priva a las personas de un factor muy importante como la sexualidad, para mantenerse en buenas condiciones de salud psíquica y física.
¿Cómo se va a poner de novia la abuela o el nono? ¡Pero estamos todos locos! Dirían muchos.

La realidad es que si no hay enfermedades invalidantes severas o muy dolorosas, la sexualidad de las personas ancianas puede ser muy similar a la de los más jóvenes, con la salvedad que todos los procesos se dan de una manera más lenta y requieren de estímulos más directos y por un tiempo mas prolongado.

A la vez que el intervalo temporal entre una relación y otra tiende a ser más amplio.
Si las personas han ejercido a lo largo de su vida una sexualidad sana y activa, no hay motivo para que no puedan gozar de la misma en la vejez, donde se encuentran en una situación más crítica y vulnerable. Lo que sin duda redundaría en una mayor autoestima, en sentirse útiles, en beneficios para su salud física; en definitiva en sentirse personas deseantes y deseadas como lo fueron anteriormente.

Como conclusión, invitamos a poder pensar el porque de este mito, que casi con seguridad se fundamenta en tapar o esconder los temores que tenemos con respecto a nuestra propia sexualidad, vejez y que así los hacemos recaer sobre personas que por su condición se encuentran en una situación de desventaja.

Sería hora de comenzar a generar cambios, dado que es cuestión de tiempo para que todos vayamos pasando por esa etapa de la vida.......
 



¿QUE ENTENDEMOS POR RELACIÓN SEXUAL?

 

Una forma practica de abordar las cuestiones sexuales para exponerlas en un espacio limitado, es partir de las ideas que en general circulan en la sociedad con respecto a la sexualidad y que las asumimos como ciertas, siendo estas en muchos casos erróneas e incluso totalmente contrarias a lo real.

Una idea muy difundida y común es la de que “sexo es lo mismo que coito (penetración), cualquier otra actividad no cuenta”.

Muchas veces cuando las ideas son comunes a la mayoría de las personas, no las cuestionamos y ni siquiera nos preguntamos de donde provienen; podemos rastrear los orígenes de este pensamiento en el pueblo de Israel, más precisamente en el libro del Génesis, donde se establece una ley fundamental que dice “CRECED Y MULTIPLICAOS”.
Este mandato determinó un absoluto respeto por la función reproductiva del acto sexual, considerándose grave cualquier violación de la norma.

Con la llegada del cristianismo, se toman y profundizan estos mandatos, proponiendo al cuerpo como “lugar del pecado” e instalándose un ideal de “no goce” o ascético, donde se exalta la renuncia a todo lo placentero.

Por ejemplo, San Agustín que vivió entre los años 354 y 430 de nuestra era, decía “Amad a vuestras mujeres, pero amadlas castamente. En vuestra relación con ellas manteneos dentro de los límites necesarios para le procreación de hijos”.

Es así como queda fuera de lo natural y es considerado aberrante cualquier otro contacto sexual que no sea el de pene-vagina.

Si bien hoy día las costumbres han cambiado mucho, estos mandatos milenarios siguen actuando en nuestro inconsciente y es uno de los factores que provoca que pensemos que muchas de las cosas relacionadas con lo sexual son sucias e inmorales además de la dificultad para poder expresarnos abiertamente de las cuestiones sexuales; observémonos a nosotros mismos y comprobaremos que es así.

Si nos atrevemos a “pensar”, preguntémonos cuantas veces en la vida, una mujer o un hombre realizan la actividad sexual con el fin de procrear, ciertamente no serán muchas, a menos que halla alguna dificultad para lograr el embarazo y que por lo tanto se lo intente repetidamente con esa expresa intención.

La casi totalidad de las veces se realizará como acto placentero y con la utilización de algún método contraceptivo y si la relación sexual se diera por algún compromiso u obligación es probable que se transformaría en una actividad indiferente o desagradable.
Así tratamos de hacer un poco de luz sobre esta idea tan común que limita enormemente la sexualidad, dado que quedarían excluidos de la misma todo tipo de “juegos previos”, actividades orales, manuales, estímulos visuales, auditivos, olfativos, etc....o sea todo aquello que “humaniza” nuestras relaciones sexuales y las diferencia de las de los animales.
Es justamente todo lo que acompaña a la penetración y al orgasmo, lo que erotiza el pensamiento y despierta el deseo.

Si limitamos la sexualidad a la faz penetrativa, corremos el riesgo de caer en la monotonía de una sexualidad limitada que lleva al aburrimiento y a espaciar cada vez más nuestra actividad sexual.

Además esta idea limitada excluye la sexualidad de personas con discapacidades físicas que van desde los traumas por accidentes, pasando por los accidentes cerebro vasculares, enfermedades del sistema circulatorio, diabetes y otras; que pueden provocar una disfunción erectiva que impide la práctica de la penetración y que sin embargo esto no impide que las personas puedan gozar de una sexualidad placentera tanto para ellos como para su pareja.

La penetración es importante en la relación sexual, pero más importante es darse cuenta que no se equivalen; sino que la primera es una “parte” de la segunda y que la sexualidad humana abarca infinidad de aspectos y sutilezas que si no son tenidos en cuenta la reduciríamos a una sexualidad de tipo animal (SOLO CON FINES REPRODUCTIVOS).

Entonces vemos que lo que las religiones y las costumbres condenan, en realidad es lo mas humano de nuestra sexualidad, sería algo así como negar nuestra propia naturaleza social y cultural, o se lo que en realidad nos convierte en humanos.